• Revista "Alegría" Nº 48

Pasión salvaje

Lía Crucet, la diva de la música tropical, cuenta por primera vez cómo se entrega al juego del amor.

 

Su imponente figura hace soñar (o ratonear, para ser más exactos) a la gran cantidad de público masculino que la sigue y despierta admiración entre las mujeres. Es que Lía Crucet, cuando sube al escenario, muestra una personalidad arrolladora. Pero... ¿cómo es realmente esta verdadera diva tropical?

Muchas notas se le han dedicado a su vida, a su personalidad, pero ninguna fue directo al grano: ¿Qué pasa con Lía cuando la pasión despierta en su intimidad, cuando se entrega al juego del amor; cómo debe ser un hombre para poner en funcionamiento todo su erotismo?

Aunque son temas que la cantante prefiere no develar, Alegría consiguió algunas pistas para delinear su intimidad: "El hombre debe ser rápido e inteligente, pero me enamora su lado salvaje. Hay momentos en que no me gusta que todo sea suavidad. El desenfreno tiene que estar presente".

En escena ella es el centro de atracción, pero cuando está con su pareja deja de lado eso y busca el placer de su compañero, en donde también encuentra el propio: "Trato de liberar mi mente y mi cuerpo para responder a todo lo que él quiera", pero aclara "se da como tiene que ser, espontáneamente y al toque, con más sentimiento que reflexión".

En cuanto a su cuerpo confiesa haber sido vergonzosa "pero con el tiempo me fui liberando". Es que Lía considera que la timidez es una debilidad y como se ve a sí misma como una mujer fuerte, se tomó el trabajo de dejar esos miedos a un costado. Sin embargo, hay otros miedos que parecen no dejarla en paz, y que más que el humano y habitual miedo a la muerte, tiene que ver con la vida: "Siempre trato de pensar antes de actuar y eso me frenó en más de una oportunidad. Hubo momentos que tendría que haber sido más superficial y tomarme todo con soda. Claro que no se puede ser reflexiva todo el tiempo y para impulsivos, casi siempre estuvieron los hombres".

Desde hace bastante tiempo vive en pareja y cuenta que recién después de tres años de relación, decidieron vivir juntos. Todo esto como consecuencia de que en relaciones anteriores, por haber tomado decisiones algo apresuradas, tuvo que pagar duras consecuencias aunque asegura no arrepentirse de nada: "Todo dejó su lección, su enseñanza".

Es que, al parecer, a Lía Crucet los hombres se le aparecieron como vehículos para dejarse llevar. No es una mujer inflexible aunque "claro –enfatizó- depende de quien tenga enfrente". Sus exigencias pasan por que el otro no se olvide que una cosa es complacer y otra es olvidarse que son dos personas distintas y que hay que actuar en consecuencia. Por eso, para ella, dar y recibir es un juego compartido. Un juego en el que los límites son los que pone la imaginación.

 

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