• Nota Revista "Flash"

"VOLVI DE LA MUERTE"

Lía Crucet sufrió un accidente similar al de la malograda "santa" bailantera Gilda, pero sobrevivió para contarlo. En esta nota revela que en aquella ocasión tuvo una inolvidable experiencia en el más allá y que el amor por su hija la hizo regresar.
 

 ¿Cómo presentar a Lía Crucet? ¿Vedette? ¿Ex vedette? ¿Cantante de bailantas? ¿Gran vendedora de discos? ¿Símbolo sexual para sus seguidores? ¿Mujer exuberante para otros? En una de ésas alcanza con todo eso; con decir que es una ex vedette que canta en las bailantas, que vende una interesante cantidad de discos y que para muchos de sus seguidores es un símbolo sexual. Lo exuberante es innegable.

Tal vez, y es muy posible, no haga falta presentación.

La charla que sigue con la ex vedette-cantante-mujer exuberante intenta abarcar su lado poco frecuente. Un encuentro con el más allá, las caballerosidades perdidas, el concepto que se tiene sobre las mujeres del ambiente de los escenarios, su hija Karina y el apuro con el que se ve obligada a vivir son algunos de los temas de conversación.

-Gran parte de tu tiempo lo pasás viajando, ¿no te cansás de vivir así?

-Me gusta viajar, es divertido. Por lo menos a mí me divierte. La paso trabajando en todas las bailantas y así es como recorro todo el país, de norte a sur y además tengo la suerte de ir a otros países, como Chile, Perú y Uruguay, en los que voy a estar próximamente. También hay otros, pero no recuerdo cuáles son.

-¿Qué es lo mejor de viajar?

-Que conocés gente de todos lados.

-¿Pero no te agota?

-Lo que me cansa un poco es ir al sur, porque los viajes son tremendamente largos. Pero bueno, de ésta forma pude conocer el país; no hay una provincia a la que no haya ido.

-Una constante es el elogio a tus seguidores. ¿Seguís considerándolos como parte importante de tu carrera?

-Sí, el público que tengo es divino, me quiere mucho. En cualquier parte a la que vaya me demuestra un gran afecto. Además, la admiración me la profesa la gente de mi época como la de ahora, porque a mis recitales va gente de cualquier edad.

-¿Te siguen gritando de todo?

-No sólo me gritan... el otro día estuve en el sur y no pude cantar de tantos besos que me daban (risas). Se subían al escenario... ¡no sabés!

-¿Qué es lo más sacrificado de tu carrera?

-Los dobletes, hace televisión y teatro. Además puede ser peligroso porque genera mucho apuro, como lo que le pasó a Gilda, que en el camino se quedó. Venía de la televisión y tenía que ir urgente a Entre Ríos. Lo que le pasó me hizo replantear muchas cosas. Gilda era una vida joven y hermosa que se fue. Pero está bien ahora, porque está con Dios.

 

  • VIAJE AL MÁS ALLÁ

-A vos te pasó algo parecido, ¿no?

-Sí, fue cuando iba en un coche y tuve un choque contra un árbol, cerca de la cancha de Independiente. Fue en el año ’80.

-¿Qué fue lo que viviste?

-Primero vi un túnel, después el espacio y luego una especie de nube. Primero recorrí todo eso y después hice el mismo camino pero a la inversa, hasta volver en mí.

-¿Cómo era el túnel, por ejemplo?

-Oscuro, muy oscuro. Y yo iba a mucha velocidad. Después estaba el espacio, que era igual al que imaginamos todos, lleno de estrellas.

-¿Cuánto tiempo duró esa vivencia?

-Eso es algo que no se puede calcular. No sé si duró veinte minutos, pero no se puede calcular muy bien.

-¿Recordás alguna sensación en especial de ese momento?

-Tenía muchas ganas de estar con Karina, mi hija. Todo el tiempo tuve ganas de estar con ella.

-¿Con quién lo hablaste?

-Lo conté una o dos veces, nada más, y después me arrepentí. Recién ahora me animo a contarlo, pero igual es un tema del que no me gusta hablar.

-¿Por?

-Porque no toda la gente te lo cree. Y lo primero que se dice cuando una comenta algo así es que "lo dijo una vedette", o "una cantante". Y no te cree nadie.

-¿Un prejuicio?

-Sí, así es. Por ahí porque sólo se piensa que una mujer es para estar en la cama y nada más.

-Después de aquel hecho te conectaste con Víctor Sueiro. ¿no?

-Sí. Hablamos por teléfono. Pero no lo conocí personalmente porque no me animé a seguir hablando de ese tema con él. No sé por qué, tal vez por la experiencia que tuve después de haber hablado con la gente.

-¿Te cambió en algo la vida ese hecho?

-Bastante. Me hizo dar cuenta de que somos una mente y un cuerpo y que eso le pertenece a Dios. Siempre creí en Dios.

Entre los escenarios y la televisión, una Lía Crucet diferente. O al menos, con temas distintos.

Tanto como para conocer lo desconocido.

 

 
 

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